Estamos solos
Por Vianey Fragoso Castillo
Hacía un calor sofocante, eran alrededor de las 3:45pm del 13 de abril del 2011, cuando un grupo de personas se empezó a formar a las afueras de la central camionera de la ciudad de Iguala, Mor. que se encuentra enfrente del mercado. Desde aquella distancia podían distinguirse alrededor de 8 hombres que rodearon a una mujer joven, que por su apariencia, parecía de origen modesto y se veía de unos 20 años de edad.
Después de algunos minutos, se empezó a notar mucho movimiento entre las personas que estaban dentro del grupo. Fue entonces cuando se pudo apreciar con claridad lo que estaba ocurriendo. La mujer forcejeaba con un hombre de unos 35 años de edad que vestía una camisa café, tipo polo a rayas. Ella iba colgada de la ropa del sujeto, el hombre intento golpearla para soltarse de zafarse, a lo que ella simplemente respondió entre llanto: “¡no me golpee, solo regréseme mi dinero!”
Después de pedirle al sujeto su dinero en repetidas ocasiones, la mujer empezó a pedir auxilio a los presentes, pidió varias veces que se le hablara a la policía. Algunos simplemente la ignoraron, otros la veían con lastima, algunos otros con impotencia y otros hasta rieron de la mujer. Pero nadie hizo nada.
La mujer y el hombre entraron de nuevo a la central, después de que la mujer en cuestión le dijera al hombre que si él no había sido quien le robo, la acompañara al último lugar donde ella tuvo su dinero. Después de estar dentro de la central apenas unos segundo salieron otra vez, de nuevo en dirección al mercado. Fue entonces cuando una mujer que vestía playera gris y presuntamente trabajaba en uno de los puestos de comida del mercado empezó a jalar a la víctima de robo.
Continuaron las suplicas y gritos de ayuda por parte de la víctima, a lo cual los presentes respondieron de la misma forma que ya lo habían hecho antes. La supuesta empleada del establecimiento de comida, seguía jalando a la mujer y le decía: “¡suéltalo, va a venir su mujer y se va a enojar si te ve agarrándolo!” A lo que la víctima respondió: “¡a mí no me importa, yo quiero mis tres mil pesos!”
La presunta empleada del mercado continuo tratando de persuadir a la mujer de que se calmara, alegando que el hombre estaba dispuesto a devolverle mil pesos de los tres mil que la víctima alegaba que le fueron robados. La joven dijo que ella quería su dinero completo, ya que era lo único que tenia.
Después de unos minutos más de forcejeo, el sujeto y la victima volvieron a dirigirse al interior de la central, pero no lo lograron. El grupo de hombres seguía a la entrada de la central e interceptaron a la mujer, fue así como jalándola entre todos, el supuesto ladrón logro zafarse de la víctima y emprendió la huída entre los puestos
La empleada del mercado, que se encontraba cerca le gritó al sujeto: “¡de ráfaga, chíspate ya!
La policía
Transcurrieron alrededor de 15 minutos antes de que la policía hiciera acto de presencia en el lugar. Cuando llegaron, lo primero que hicieron fue ir a hablar con la joven mujer. Mientras algunos elementos hablaban con la víctima, otros dos hablaban con un muchacho que vestía camisa morada y nada tuvo que ver con el suceso. La policía abandonó el lugar después de alrededor de 5 minutos de estar ahi, sin haber aprendido al presunto ladrón.
Se vio salir a la victima de la central que continuaba llorando e iba tomada de la mano de un hombre de unos 30 años, que vestía camiseta blanca sin mangas y pantalones holgados de mezclilla. Caminaron de un lugar a otro en compañía de 3 niños, como si siguieran buscando.
Por algunos instantes se perdió de vista a la víctima y a sus acompañantes. Después, al ingresar al edificio de le central camionera se pudo observar a la víctima y sus acompañantes hablando con una mujer que trabajaba en una joyería dentro de la central. Podía notarse que el hombre se encontraba ofuscado y bastante molesto.
Podía escucharse como el hombre le decía a la empleada de la joyería que iría en busca de presunto ladrón. Dicha mujer estaba tratando de desalentar al sujeto, diciéndole que si acaso se le ocurría, lo más probable es que saliera lastimado y que lo más conveniente era dar aviso al ejército. La mujer le dijo al hombre que ellos serían los únicos que de verdad atenderían a su llamado.
La víctima, el hombre y los niños se sentaron en las sillas de la central. La mujer seguía llorando, mientras el hombre, bañado en sudor tenía una expresión de confusión y enojo en el rostro.
Sin respuesta
La gente seguía conmocionada con el asunto. Al preguntar a una empleada del mercado de unos 40 años de edad y que prefirió no dar su nombre que opinaba sobre lo ocurrido ella contestó: “Esto es algo que ocurre con frecuencia. Ni modo, le toco”.
Había un cartel que colgaba de una de las paredes de la central, este contenía el numero de ejército y tenía un texto que decía así: “denuncia, nosotros sí vamos”. El hombre y la víctima, siguieron el consejo que la mujer de la joyería les había dado y llamaron al número que aparecía en dicho cartel.
Fue en ese momento cuando la víctima-que también quiso mantener el anonimato-aun entre sollozos comento un poco sobre lo que había ocurrido: “Me quitaron mis tres mil pesos cuando estaba ahí parada, y no se los pude quitar por culpa de la vieja de gris”, decía la victima mientras señalaba una de las puertas del edificio, indicando que ahí era donde le habían robado su dinero.
Antes de irse junto con la mujer y los niños, el hombre que la acompañaba se acerco a dar las gracias. Al cuestionarle sobre qué respuesta obtuvo a aquella llamada él contestó lo siguiente: “Me dijeron que esto es una mafia, y que ni ellos podían hacer algo por mí. Que ahora sí que me las arreglara por mi propia mano”. Por último antes de retirarse dijo: “eso voy a hacer, mañana no vendré solo”.
Después se alejaron entre la gente sin que nadie dijera o hiciera nada.
Todo igual.
Después de que la víctima se fuera, la central quedo con un ambiente de resignación revuelto con inconformidad. Se veía a la gente conversando sobre el asunto y se notaba como todas las mujeres ponían especial cuidado en sus bolsas.
Había un hombre que llamaba mucho la atención porque parecía ser el único totalmente sereno. Vestía una camisa a cuadros y tenia los botones desabrochados lo cual exhibía sus numerosos tatuajes, pero lo que más llamaba la atención sobre el singular personaje era que todo el tiempo esbozó una sonrisa bastante incomprensible, dadas las circunstancias.
Hacía un calor sofocante, la gente pasaba de un lado a otro con prisa por abordar su respectivo autobús. Todo quedo igual que en un principio, hasta aquel letrero que en ese momento parecía decir irónicamente: “denuncia, nosotros si vamos”
