martes, 22 de marzo de 2011

exhibisionismo

El exhibicionismo en los medios de comunicación.
Vivimos en un mundo en donde el morbo vende, donde la necesidad de conocer y dejar conocer se ha vuelto un vicio colectivo y donde las contradicciones entre lo que debemos saber y lo que creemos querer saber, hacen de la información un caos enorme.
Yo soy de la firme opinión de que no todo en esta vida tiene que saberse. Sí, todos tenemos derecho a estar informados, ya que el conocimiento solo puede transformarnos en personas de opinión, más cultas y con muchísimo más capacidad de defender nuestros intereses. Sin embargo, creo también, que ya muy pocos son selectivos con el tipo de contenidos que encuentran interesantes. Vimos un claro ejemplo de esta necesidad de morbo con el caso Kalimba. Sin tener una verdadera trascendencia, este asunto se torno en lo que ocupaba el televisor de millones de personas. Desafortunadamente esto no sólo ocurre en la televisión.
 El internet se ha convertido en un arma de dos filos; es un océano enorme y diverso de datos que carecen de algún tipo de filtro, esto además de crear confusión, nos convierte sin duda en personas perezosas e ignorantes en muchos aspectos.
Creo que todo el problema recae en el mal uso y el abuso de los recursos que tenemos. Por ejemplo, si las redes sociales fueran usadas con moderación y con el único propósito de mantener a personas en contacto, no existirían problemas como el bullying cibernético, podrían evitarse muchos secuestros y la gente podría sentirse de nuevo dueña de su realidad. Lamentablemente, estas son consecuencias provocadas por nosotros mismos. Si los demás dejaron de reconocer los límites entre lo que les concierne sobre nuestra vida, es simplemente porque todos les hemos otorgado el derecho de meterse en ella, así nada más. Somos nosotros los que publicamos en nuestras redes sociales hasta los detalles más insignificantes de nuestra existencia. Es imposible abrir la puerta y después exigir respeto a nuestra privacidad, si ni siquiera nosotros mismos somos capaces de reconocerla ya. Sí, hay que estar enterados o como dice Cebrián, hay que tener una ligera idea de lo que acótense a nuestro alrededor, pero también hay que dejar de tener esta necesidad de conocer todo indiscriminadamente.
 Creo que hemos olvidado la diferencia entre información y datos, reconocerla de nuevo haría que forjáramos un criterio más sano sobre lo que es pertinente saber y lo que simplemente no es de nuestra incumbencia.


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